Para definir la cultura digital, podríamos utilizar uno de los conceptos que maneja la
Real Academia de la Lengua sobre la cultura: “3. f. Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.”. Así, cuando acuñamos el término“cultura digital”, podemos decir que lo hacemos como consecuencia de la asimilación de las nuevas tecnologías en nuestra forma de vivir. Ésa sería la principal característica de la cultura digital: el
uso común y frecuente de nuevas tecnologías de comunicación (teléfono móvil, ordenador, televisión...). Y, por supuesto, todos estos nuevos aparatos vienen acompañados de nuevas aplicaciones, cuyo uso pasa a formar parte también de nuestro día a día: internet, correo electrónico, mensajes instantáneos, redes sociales...
El uso de estos nuevos “productos” da lugar a nuevos lenguajes que pasan a engrosar nuestra cultura. La llegada del cine y de la televisión dio lugar a un nuevo código audiovisual con unas características totalmente distintas al lenguaje escrito (Manuel Area Moreira, Alfonso Gutiérrez Martín y Fernando Vidal Fernández, 2012): no hace falta aprenderlo previamente, pues no utiliza un código abstracto basado en símbolos, sino representaciones similares a la realidad; además, el lenguaje audiovisual “ataca” primeramente a las emociones -al contrario que el lenguaje escrito, que tiene que pasar previamente por la razón para ser descodificado-, saltándose así muchos de nuestros filtros mentales y haciéndonos mucho más influenciables a sus mensajes.
Al igual que lo hicieron en su día el cine y la televisión, las nuevas tecnologías que han ido incorporándose posteriormente también han modificado nuestro lenguaje. La mensajería instantánea a través del móvil, por ejemplo, generó todo un nuevo código de abreviaturas y nuevas expresiones. Se crearon los emoticones (escuetas representaciones de estados anímicos), como forma de paliar algunas de las dificultades que surgían al perderse el cara a cara. Las redes sociales han generalizado el uso de expresiones más cortas y directas.
En definitiva, otra de las características importantes de la cultura digital es la aparición de nuevos lenguajes y la modificación de nuestras formas habituales de comunicación, haciendo, por ejemplo, que las comunicaciones interpersonales sean cada vez más frecuentes y continuas, pero al mismo tiempo más superficiales.
Para explicar otro rasgo de esta cultura digital, podemos utilizar el símil que hizo
Zigmunt Bauman (2004) al hablar de una “cultura líquida”. En contraposición a lo que él llamó una “cultura sólida”, como era la del siglo XIX y XX,
la nueva cultura es cambiante y en constante movimiento y, además, se extiende a una velocidad extraordinaria. Se ha acabado el momento de las certezas absolutas, sino que las ideas surgen y se cuestionan constantemente en cualquier lugar del mundo, y al minuto siguiente han atravesado todo el planeta (y, probablemente, alguien la esté ya cuestionando).
Esto nos lleva a la última y quizá la más reciente de las peculiaridades de esta era. Todo el mundo opina, todo el mundo crea. El conocimiento, la investigación y la creación han tomado un cauce colaborativo, ya que la
Web 2.0 ha hecho que la gente pase de usuario pasivo, de consumidor de información, a productor constante de información y comunicación.
No es oro todo lo que reluce
A pesar de todas las ventajas que puede tener la cultura digital, hemos de ser conscientes de que también ha generado un enorme problema: la brecha digital.
Por brecha digital entendemos la creciente diferencia entre aquellos que pueden usar los nuevos servicios de la sociedad de la información y aquellos que no, incluyendo no sólo el que puedan acceder o no a dichos servicios, sino que además estén lo suficientemente capacitados como para comprenderlos y utilizarlos adecuadamente (
Paul DiMaggio y Eszter Hargittai, 2001).
La brecha digital supone una mayor desigualdad y exclusión para aquellos que progresivamente se van quedando descolgados de la nueva cultura digital. Esto no sólo genera mayores
desequilibrios entre países, sino que también provoca una fuerte fractura social dentro de un mismo país. Según el informe
eEspaña 2012, “tanto el nivel de renta de los hogares españoles como la situación laboral de sus miembros influyen considerablemente en la adopción de la tecnología. Siguiendo esta línea, se puede decir que los hogares con un poder adquisitivo alto y cuyos miembros, en general, no están desempleados se encuentran inmersos en mayor proporción en la Sociedad de la Información”. Este mismo estudio señala también que el 83% de la población entre 65 y 74 años no usa el ordenador.
En conclusión, dentro de la nueva cultura digital estamos dejando cada vez más excluidos a las personas más mayores y a aquellos con menos recursos. “La acelerada transformación tecnológica y los gigantescos cambios sociales, económicos y comunicactivos que conllevan generan también bolsas de analfabetos socioculturales” (Manuel Area Moreira, Alfonso Gutiérrez Martín y Fernando Vidal Fernández, 2012). Solucionar este reto debe ser prioritario para hablar de una nueva cultura más justa y universal.
Y tú, ¿qué opinas de la cultura digital? ¿Te ofrece la misma credibilidad y respeto la "cultura líquida" que la "cultura sólida"? ¿Qué crees que deberíamos hacer para evitar la brecha digital?