viernes, 13 de noviembre de 2015

Sobre la asignatura de Plástica

Este curso, en Magisterio, me ha tocado volver a toparme con la Plástica. La verdad es que desde el momento en que hice la matrícula se me retorcieron las vísceras al pensar que, de nuevo, me tocaba lidiar con la penuria que supuso para mí la asignatura de Plástica durante todos mis años de estudiante. Sin embargo, he de reconocer que es de las asignaturas que más me está gustando este curso, obviamente, no por la parte plástica y artística (los 15 dibujos que tenemos que entregar me están matando), pero sí en lo que se refiere a la teoría, que me está resultando tremendamente interesante, puesto que gira, sobre todo, en torno a la creatividad, la expresividad y el desarrollo de los alumnos a través de la educación artística. 

En cualquier caso, el asunto es que hoy he tenido que entregar otro trabajo teórico para esta asignatura (que ya compartiré en su día a través de este blog, porque sí, sigo teniendo la intención de subir a este blog todos mis trabajos de la carrera, que uno nunca sabe a quién le pueden ser útiles), y en él he hecho una reflexión sobre la asignatura de Plástica que me ha apetecido mucho compartir. Para que la podéis entender, os contextualizo: hemos leído este artículo para clase (Aprender de lo particular) y, entre otras cuestiones, el profesor nos preguntaba qué implicaciones educativas tienen las ideas expuestas en el artículo y qué repercusiones tendrían en el aula. Aquí os dejo mi reflexión al respecto.

Soy una persona que pinta mal. Siempre he pintado mal y he ido “pasando” por la asignatura de Plástica lo mejor que he podido a lo largo de todos mis años de estudiante. Era, junto con Música, la primera asignatura que me quería quitar de en medio cuando al pasar a 4º ESO teníamos que elegir opciones de itinerarios. En buena medida, escogí mi itinerario de estudios en base a quitarme de encima cuanto antes Plástica y Música. Y, sin embargo, ya de mayor, he descubierto que me gustan mucho la fotografía y la maquetación y el diseño, y que son dos disciplinas artísticas en las que, si bien no destaco, me muevo con comodidad y disfruto con ellas (en cuanto a la Música, en fin, sólo diré que estoy intentando aprender a tocar la armónica…). 

Sé que esta “confesión” personal puede parecer fuera de lugar, pero lo cierto es que creo que aporta mucha información sobre mi opinión acerca del estado de la educación artística en nuestro sistema. No soy un negado para el arte y, lo que es mucho más importante, soy capaz de utilizarlo como forma de expresión y de realización y gozo personal. Pero eso no lo aprendí en el colegio. En el colegio aprendí que no soy capaz de dibujar, que me salgo de los bordes cuando coloreo, que no hay forma de que lo que yo veo en mi mente lo plasme en un papel. De mayor, por mi cuenta, aprendí que puedo transmitir mi dinamismo con la fotografía, que logro conectar con los demás a través de los retratos, que soy capaz de describir un paisaje con la cámara en las manos, que puedo narrar historias de forma plástica, que genero unas sensaciones u otras con la forma en que organizo los elementos en un papel. De mayor aprendí de lo que soy capaz en lo relativo al arte. En el colegio aprendí de lo que no soy capaz. Ése es, para mi, el resumen de la educación artística hoy en nuestro sistema educativo. Y creo que esto podría ser distinto incorporando las ideas de este artículo.



La atención a la diversidad del desarrollo artístico podría lograr, en mi opinión, que cada estudiante descubriera qué sí puede hacer en cuanto al arte. Si los profesores alentáramos el uso de distintas herramientas expresivas plásticas en lugar de limitarnos al dibujo (en cualquiera de sus técnicas), si los profesores valoráramos el significado de las creaciones de nuestros alumnos/as en lugar de su aspecto, si los profesores tuviéramos en cuenta el proceso por lo menos tanto como el resultado, quizá habría menos alumnos/as (y por extensión menos adultos) frustrados con sus capacidades plásticas y más personas capaces de utilizar el arte como forma de expresión y realización. Y no hablo de que hubiera más artistas, porque no todos los que saben manejar el arte son capaces de hacer obras de arte, del mismo modo que no todos los que saben utilizar las palabras son poetas. Pero cuando enseñamos a la gente a escribir, no aspiramos a que sean novelistas, sino a que sepan comunicarse, a que no sean analfabetos. Quizá si atendiéramos más y mejor a la diversidad en el desarrollo artístico, tendríamos a más gente capaz de comunicarse con el arte, menos analfabetos plásticos.

Por tanto, ¿qué repercusiones tendrían estas ideas en el aula? Desde mi punto de vista, creo que la aplicación de estas ideas implicaría, en primer lugar, ampliar la oferta plástica que se da en educación artística. Personalmente, no aprendí a observar con el dibujo; fue la fotografía la que me llevó a fijarme en las sombras, en los contornos, en los detalles, los brillos, los matices de color, las sugerencias… Y fue la maquetación la que me hizo comprender las distintas emociones que despiertan determinados colores, formas o disposiciones. Creo que habría que ofrecer a todos los alumnos la oportunidad de utilizar y practicar con todos los materiales y herramientas, pero no obligar a ninguno a que alcance determinado nivel de pericia con ninguno de ellos. Es decir, dejar a los alumnos que pinten con lápiz, con tinta, con colores, con ceras, con témperas, con acuarelas…, pero también que manejen la cámara de fotos, que pinten con el ordenador, que hagan collages y montajes (de papel y digitales), etc.. Y que ninguno se vea obligado a dominar hasta cierto punto ninguna de estas herramientas, porque lo que queremos es que cada uno encuentre la o las herramientas con las que se sienta cómodo y capaz de expresarse.

Creo, también, que esta perspectiva supondría cambiar el sistema de evaluación, que ahora mismo pasa, principalmente, por calificar la obra acabada, y valorar, aparte del resultado, no sólo el esfuerzo que ha hecho el alumno/a (que sí creo que actualmente se tiene en cuenta, de lo contrario yo jamás habría aprobado Plástica en el colegio), sino también las reflexiones que ha hecho el alumno/a, los intentos, los descubrimientos… Opino, además, que habría que incorporar a la calificación de la asignatura el grado de satisfacción de cada uno con su obra y con la creación de la misma, porque considero que es importante conseguir que los chavales disfruten creando, creen lo que creen, y pienso que si premiamos el que se lo pasen bien y estén a gusto, estaremos favoreciendo precisamente eso. No quiero decir, claro, que al que lo haya pasado mal dibujando le bajemos la nota, pero sí que valoremos la introspección en el proceso creativo, porque eso, en mi opinión, puede ayudar a que los estudiantes descubran qué parte de la creación artística sí les gusta. Una opción para tener en cuenta todo lo dicho sería incorporar una entrevista con cada alumno/a a la hora de presentar sus trabajos, de manera que podamos recopilar toda esta información (aunque, necesariamente, habrá que estar también atentos a esta información durante el transcurso de las clases, pues el profesor/a puede ser capaz de captar detalles en el proceso que al alumno/a se le hayan pasado por alto y puede ser importante ponérselos de relieve).