Los medios de comunicación son una potentísima herramienta didáctica. En su propia naturaleza está el objetivo de capturar la atención de la gente y transmitirles un mensaje, un objetivo muy similar al que perseguimos los profesores en el aula, pero para el que destinan muchos más recursos. Podéis haceros una idea de su importancia y utilidad con este vídeo, en el que distintas personalidades inauguran el Primer Congreso Internacional de Medios de Comunicación en el Aula:
Por eso, desde hace ya mucho tiempo estamos acostumbrados a que nuestros hijos y alumnos vean vídeos y películas en clase. Es probablemente cierta la sensación que el otro día me comentaba Margarita Roura Redondo (profesora de Comunicación y Medios Socioculturales: Enseñanza y Aprendizaje en la Universidad Cardenal Cisneros de Alcalá de Henares) de que últimamente se tiende a usar mucho más vídeos de ficción que documentales. Yo recuerdo de pequeño ver en clase muchos más reportajes y documentales que películas, mientras que ahora mis compañeros del colegio utilizan mucho más películas, y yo mismo, en el cine fórum, me centro sólo en ficción. Creo que esta tendencia se debe a la necesidad cada vez más compleja de captar la atención de nuestros alumnos, algo mucho más sencillo de conseguir con el ritmo narrativo y efectos de las películas. Además, en los documentales la intención educativa es explícita y los alumnos lo perciben como una tarea más. Sin embargo, con las películas, los alumnos "bajan la guardia", se predisponen a disfrutar de la actividad y, entonces, es más fácil llegar a ellos. Se cumple la máxima del aprendizaje informal, en el que, al no darse cuenta de que les estamos educando, nos resulta más fácil educarles. Con todo, también creo que nuevos estilos de documentales, como los más modernos de la BBC o National Geographic, mucho más dinámicos y efectistas, abren una puerta para volver a recuperar terreno en el aula (y audiencia fuera de ella).
Pero la televisión y el cine son prácticamente los únicos medios de comunicación que encontramos en las clases. La radio y la prensa (ya sea online o impresa) están claramente marginados. Los periódicos se utilizan básicamente para explicar los contenidos referidos a medios de comunicación, para contarles cómo se organiza y las partes que tiene un periódico. Eso los alumnos más mayores; los más pequeños lo usan básicamente para collage. Pero rara vez se utilizan para trabajar otros contenidos, más allá de puntuales comentarios de texto. El potencial para estudiar matemáticas, física o biología se olvida. ¿Cuánto más interesante se le haría a nuestros alumnos estudiar geografía a partir de las noticias de la guerra? Secciones de periódicos como "Guerras Olvidadas" nos permitirían ubicar países en el mundo con una motivo, más allá de aprobar un examen. Por no hablar de que nos daría pie a discutir sobre las guerras y las motivaciones e intereses que hay detrás.
Más allá del aula
Aunque yo hoy me quiera centrar en el uso de los medios de comunicación en la clase, no puedo dejar pasar la ocasión de protestar contra la forma en que se desperdicia el enorme potencial didáctico de dichos medios.
En televisión, radio y prensa hay cientos de productos de entretenimiento y algunos de información, pero realmente son muy escasos los productos educativos (con dignas excepciones como el canal de televisión Vaughan TV). Y no hablo de saturar los medios de documentales, hablo de que en cada emisión que se haga se planteen una sencilla pregunta: ¿cómo puedo educar con esto? ¿Qué mensaje educativo estoy transmitiendo? ¿Realmente quiero transmitir ese mensaje?
Si en los consejos de redacción y de producción de los diversos contenidos mediáticos hubiera al menos un pedagogo o un educador, televisión, radio y prensa cobrarían una nueva perspectiva infinitamente más útil para toda la sociedad, máxime cuando con los medios no sólo se educa a los niños, sino a toda la población. Quizá esto sea más difícilmente exigible a los medios privados, pero desde luego debería ser una demanda irrenunciable a los medios públicos.
Un experimento
Todo esto me lleva a realizar una propuesta: elaborar un periódico en el aula. Pero no simplemente un periódico escolar normal.
Tal y como afirma Enrique Martínez-Salanova Sánchez (1999), "hay que buscar estrategias de acción didáctica que permitan al mismo tiempo el aprendizaje de los procesos interactivos de trabajo y la consecución de los objetivos de aprendizaje. El periódico es una de estas estrategias".
Elaborar un periódico en clase resulta una actividad motivadora que incita a la investigación. No sólo da pie a que los alumnos conozcan y se familiaricen con la organización y características de la prensa (permitiéndoles una mejor interpretación de los diarios), sino que, enmarcada dentro de una metodología constructivista, esta actividad facilita que el alumno aprenda a su propio ritmo y construya su propio conocimiento, un conocimiento real derivado de buscar e interpretar distintas fuentes de información para luego reinterpretar y transmitir dicha información con sus propias palabras. Citando a Mártinez-Salanova Sánchez, "cuando se es capaz de estructurar mentalmente una información que previamente se ha procesado y analizado, ya podemos hablar de globalización del aprendizaje".
Siendo todo esto verdad para cualquier periódico escolar al uso, yo propongo ir más allá. Elaboremos un periódico que sirva como instrumento vehicular de toda una asignatura. Hablo de un periódico que cubra todo el temario de la asignatura, que los propios alumnos irán tratando en diversos reportajes con los cuales ellos mismos lleguen a explicar estos contenidos a sus compañeros. Además, hagamos este periódico online, para que los alumnos puedan jugar con distintos tipos de lenguaje multimedia y puedan incluir al mismo tiempo vídeos y audios, así como referencias a contenidos elaborados por otros. Que los alumnos piensen el enfoque y las fuentes de información con que quieran cubrir cada tema (siempre con la guía del profesor) y que, además, participen a través de comentarios en los reportajes escritos por sus compañeros.
Además, démosle a este periódico una importancia plena, convirtiéndolo también en una herramienta de evaluación, una que nos permita sustituir el examen por una evaluación procesual, continua y formativa, que nos permita detectar y aplicar posibles mejoras a lo largo de todo el proceso y valorar no sólo el punto final al que llegan nuestros alumnos, sino todo el camino que recorren hasta allí.
He buscado por internet y no he encontrado ejemplos de periódicos así, pese a la abundancia de periódicos escolares. Así que, voy a intentar ser el cambio que quiero ver. Lo ideal sería poder hacer esto con todas las asignaturas, pero seamos prudentes, empecemos con una. Aprovechando que trabajo en un colegio, intentaré llevar a la práctica este experimento con los alumnos de Lengua y Literatura Castellana de 3º ESO durante la tercera evaluación. Es un experimento y, como tal, puede salir mal, en cuyo caso tendremos a unos pocos alumnos que el año que viene tendrán que hacer un esfuerzo extra para compensar las lagunas que les queden en Lengua. Pero si sale bien, tendremos unos pocos alumnos que habrán aprendido Lengua como nunca en su vida. Y, lo que es más, habremos abierto una brecha desde la que reenfocar buena parte del método pedagógico del centro. Puede salir mal, pero cómo salga bien...
¿Conoces algún ejemplo de un periódico escolar similar al que yo propongo? ¿Crees que es un buen experimento?
En televisión, radio y prensa hay cientos de productos de entretenimiento y algunos de información, pero realmente son muy escasos los productos educativos (con dignas excepciones como el canal de televisión Vaughan TV). Y no hablo de saturar los medios de documentales, hablo de que en cada emisión que se haga se planteen una sencilla pregunta: ¿cómo puedo educar con esto? ¿Qué mensaje educativo estoy transmitiendo? ¿Realmente quiero transmitir ese mensaje?
Si en los consejos de redacción y de producción de los diversos contenidos mediáticos hubiera al menos un pedagogo o un educador, televisión, radio y prensa cobrarían una nueva perspectiva infinitamente más útil para toda la sociedad, máxime cuando con los medios no sólo se educa a los niños, sino a toda la población. Quizá esto sea más difícilmente exigible a los medios privados, pero desde luego debería ser una demanda irrenunciable a los medios públicos.
Un experimento
Todo esto me lleva a realizar una propuesta: elaborar un periódico en el aula. Pero no simplemente un periódico escolar normal.
Tal y como afirma Enrique Martínez-Salanova Sánchez (1999), "hay que buscar estrategias de acción didáctica que permitan al mismo tiempo el aprendizaje de los procesos interactivos de trabajo y la consecución de los objetivos de aprendizaje. El periódico es una de estas estrategias".
Elaborar un periódico en clase resulta una actividad motivadora que incita a la investigación. No sólo da pie a que los alumnos conozcan y se familiaricen con la organización y características de la prensa (permitiéndoles una mejor interpretación de los diarios), sino que, enmarcada dentro de una metodología constructivista, esta actividad facilita que el alumno aprenda a su propio ritmo y construya su propio conocimiento, un conocimiento real derivado de buscar e interpretar distintas fuentes de información para luego reinterpretar y transmitir dicha información con sus propias palabras. Citando a Mártinez-Salanova Sánchez, "cuando se es capaz de estructurar mentalmente una información que previamente se ha procesado y analizado, ya podemos hablar de globalización del aprendizaje".
Siendo todo esto verdad para cualquier periódico escolar al uso, yo propongo ir más allá. Elaboremos un periódico que sirva como instrumento vehicular de toda una asignatura. Hablo de un periódico que cubra todo el temario de la asignatura, que los propios alumnos irán tratando en diversos reportajes con los cuales ellos mismos lleguen a explicar estos contenidos a sus compañeros. Además, hagamos este periódico online, para que los alumnos puedan jugar con distintos tipos de lenguaje multimedia y puedan incluir al mismo tiempo vídeos y audios, así como referencias a contenidos elaborados por otros. Que los alumnos piensen el enfoque y las fuentes de información con que quieran cubrir cada tema (siempre con la guía del profesor) y que, además, participen a través de comentarios en los reportajes escritos por sus compañeros.
Además, démosle a este periódico una importancia plena, convirtiéndolo también en una herramienta de evaluación, una que nos permita sustituir el examen por una evaluación procesual, continua y formativa, que nos permita detectar y aplicar posibles mejoras a lo largo de todo el proceso y valorar no sólo el punto final al que llegan nuestros alumnos, sino todo el camino que recorren hasta allí.
He buscado por internet y no he encontrado ejemplos de periódicos así, pese a la abundancia de periódicos escolares. Así que, voy a intentar ser el cambio que quiero ver. Lo ideal sería poder hacer esto con todas las asignaturas, pero seamos prudentes, empecemos con una. Aprovechando que trabajo en un colegio, intentaré llevar a la práctica este experimento con los alumnos de Lengua y Literatura Castellana de 3º ESO durante la tercera evaluación. Es un experimento y, como tal, puede salir mal, en cuyo caso tendremos a unos pocos alumnos que el año que viene tendrán que hacer un esfuerzo extra para compensar las lagunas que les queden en Lengua. Pero si sale bien, tendremos unos pocos alumnos que habrán aprendido Lengua como nunca en su vida. Y, lo que es más, habremos abierto una brecha desde la que reenfocar buena parte del método pedagógico del centro. Puede salir mal, pero cómo salga bien...
¿Conoces algún ejemplo de un periódico escolar similar al que yo propongo? ¿Crees que es un buen experimento?





