domingo, 14 de septiembre de 2014

"Diversidad" es sólo otra palabra para "riqueza"

Ayer tuve mi primea clase de "Fundamentos psicopedagógicos de la atención a la diversidad", que comenzó comprando el manual más gordo que me he tenido que estudiar nunca, pero habiendo estudiado Periodismo, la verdad es que eso tampoco es decir mucho... 

En cualquier caso, la asignatura promete. Mucho. Y, después de ver estos dos vídeos esta mañana sobre Tim, tengo incluso más ganas de cursarla, porque desperdiciar la diversidad, es desperdiciar parte de nuestros mejores recursos. 




miércoles, 30 de abril de 2014

La educación prohibida

Tremendo documental para replantearse muchas cosas. Dado que, según dicen los propios autores y productores, "se permite y alienta la copia, modificación, adaptación, traducción y exhibición pública de esta película", que menos que aprovechar la oportunidad para difundir un material de una calidad bárbara.

Para verla, reverla, pensar y repensar.


viernes, 31 de enero de 2014

Medios de comunicación en el aula

Los medios de comunicación son una potentísima herramienta didáctica. En su propia naturaleza está el objetivo de capturar la atención de la gente y transmitirles un mensaje, un objetivo muy similar al que perseguimos los profesores en el aula, pero para el que destinan muchos más recursos. Podéis haceros una idea de su importancia y utilidad con este vídeo, en el que distintas personalidades inauguran el Primer Congreso Internacional de Medios de Comunicación en el Aula:



Por eso, desde hace ya mucho tiempo estamos acostumbrados a que nuestros hijos y alumnos vean vídeos y películas en clase. Es probablemente cierta la sensación que el otro día me comentaba Margarita Roura Redondo (profesora de Comunicación y Medios Socioculturales: Enseñanza y Aprendizaje en la Universidad Cardenal Cisneros de Alcalá de Henares) de que últimamente se tiende a usar mucho más vídeos de ficción que documentales. Yo recuerdo de pequeño ver en clase muchos más reportajes y documentales que películas, mientras que ahora mis compañeros del colegio utilizan mucho más películas, y yo mismo, en el cine fórum, me centro sólo en ficción. Creo que esta tendencia se debe a la necesidad cada vez más compleja de captar la atención de nuestros alumnos, algo mucho más sencillo de conseguir con el ritmo narrativo y efectos de las películas. Además, en los documentales la intención educativa es explícita y los alumnos lo perciben como una tarea más. Sin embargo, con las películas, los alumnos "bajan la guardia", se predisponen a disfrutar de la actividad y, entonces, es más fácil llegar a ellos. Se cumple la máxima del aprendizaje informal, en el que, al no darse cuenta de que les estamos educando, nos resulta más fácil educarles. Con todo, también creo que nuevos estilos de documentales, como los más modernos de la BBC o National Geographic, mucho más dinámicos y efectistas, abren una puerta para volver a recuperar terreno en el aula (y audiencia fuera de ella). 

Pero la televisión y el cine son prácticamente los únicos medios de comunicación que encontramos en las clases. La radio y la prensa (ya sea online o impresa) están claramente marginados. Los periódicos se utilizan básicamente para explicar los contenidos referidos a medios de comunicación, para contarles cómo se organiza y las partes que tiene un periódico. Eso los alumnos más mayores; los más pequeños lo usan básicamente para collage. Pero rara vez se utilizan para trabajar otros contenidos, más allá de puntuales comentarios de texto. El potencial para estudiar matemáticas, física o biología se olvida. ¿Cuánto más interesante se le haría a nuestros alumnos estudiar geografía a partir de las noticias de la guerra? Secciones de periódicos como "Guerras Olvidadas" nos permitirían ubicar países en el mundo con una motivo, más allá de aprobar un examen. Por no hablar de que nos daría pie a discutir sobre las guerras y las motivaciones e intereses que hay detrás. 

Más allá del aula

Aunque yo hoy me quiera centrar en el uso de los medios de comunicación en la clase, no puedo dejar pasar la ocasión de protestar contra la forma en que se desperdicia el enorme potencial didáctico de dichos medios.

En televisión, radio y prensa hay cientos de productos de entretenimiento y algunos de información, pero realmente son muy escasos los productos educativos (con dignas excepciones como el canal de televisión Vaughan TV). Y no hablo de saturar los medios de documentales, hablo de que en cada emisión que se haga se planteen una sencilla pregunta: ¿cómo puedo educar con esto? ¿Qué mensaje educativo estoy transmitiendo? ¿Realmente quiero transmitir ese mensaje?

Si en los consejos de redacción y de producción de los diversos contenidos mediáticos hubiera al menos un pedagogo o un educador, televisión, radio y prensa cobrarían una nueva perspectiva infinitamente más útil para toda la sociedad, máxime cuando con los medios no sólo se educa a los niños, sino a toda la población. Quizá esto sea más difícilmente exigible a los medios privados, pero desde luego debería ser una demanda irrenunciable a los medios públicos.

Un experimento

Todo esto me lleva a realizar una propuesta: elaborar un periódico en el aula. Pero no simplemente un periódico escolar normal.

Tal y como afirma Enrique Martínez-Salanova Sánchez (1999), "hay que buscar estrategias de acción didáctica que permitan al mismo tiempo el aprendizaje de los procesos interactivos de trabajo y la consecución de los objetivos de aprendizaje. El periódico es una de estas estrategias".

Elaborar un periódico en clase resulta una actividad motivadora que incita a la investigación. No sólo da pie a que los alumnos conozcan y se familiaricen con la organización y características de la prensa (permitiéndoles una mejor interpretación de los diarios), sino que, enmarcada dentro de una metodología constructivista, esta actividad facilita que el alumno aprenda a su propio ritmo y construya su propio conocimiento, un conocimiento real derivado de buscar e interpretar distintas fuentes de información para luego reinterpretar y transmitir dicha información con sus propias palabras. Citando a Mártinez-Salanova Sánchez, "cuando se es capaz de estructurar mentalmente una información que previamente se ha procesado y analizado, ya podemos hablar de globalización del aprendizaje".

Siendo todo esto verdad para cualquier periódico escolar al uso, yo propongo ir más allá. Elaboremos un periódico que sirva como instrumento vehicular de toda una asignatura. Hablo de un periódico que cubra todo el temario de la asignatura, que los propios alumnos irán tratando en diversos reportajes con los cuales ellos mismos lleguen a explicar estos contenidos a sus compañeros. Además, hagamos este periódico online, para que los alumnos puedan jugar con distintos tipos de lenguaje multimedia y puedan incluir al mismo tiempo vídeos y audios, así como referencias a contenidos elaborados por otros. Que los alumnos piensen el enfoque y las fuentes de información con que quieran cubrir cada tema (siempre con la guía del profesor) y que, además, participen a través de comentarios en los reportajes escritos por sus compañeros.

Además, démosle a este periódico una importancia plena, convirtiéndolo también en una herramienta de evaluación, una que nos permita sustituir el examen por una evaluación procesual, continua y formativa, que nos permita detectar y aplicar posibles mejoras a lo largo de todo el proceso y valorar no sólo el punto final al que llegan nuestros alumnos, sino todo el camino que recorren hasta allí.

He buscado por internet y no he encontrado ejemplos de periódicos así, pese a la abundancia de periódicos escolares. Así que, voy a intentar ser el cambio que quiero ver. Lo ideal sería poder hacer esto con todas las asignaturas, pero seamos prudentes, empecemos con una. Aprovechando que trabajo en un colegio, intentaré llevar a la práctica este experimento con los alumnos de Lengua y Literatura Castellana de 3º ESO durante la tercera evaluación. Es un experimento y, como tal, puede salir mal, en cuyo caso tendremos a unos pocos alumnos que el año que viene tendrán que hacer un esfuerzo extra para compensar las lagunas que les queden en Lengua. Pero si sale bien, tendremos unos pocos alumnos que habrán aprendido Lengua como nunca en su vida. Y, lo que es más, habremos abierto una brecha desde la que reenfocar buena parte del método pedagógico del centro. Puede salir mal, pero cómo salga bien...

¿Conoces algún ejemplo de un periódico escolar similar al que yo propongo? ¿Crees que es un buen experimento?

miércoles, 15 de enero de 2014

Mucho más que una nevera

Ayer hablaba de la telebasura para niños, y hoy he visto que Goyo Jiménez también ha estado pensando sobre el tema:


Con todos los respetos que se merece Goyo Jiménez, no creo que, como él sugiere, prohibir los dibujos animados sea la solución. Como ya dije ayer, no creo que el remedio pase por la prohibición. Tal y como apuntan Enrique Martínez-Salanova Sánchez e Ilda Peralta Ferreyra ("El consumo crítico de la tele: desafío educativo para la familia y la sociedad"), matar al mensajero nunca es la solución. En el caso de la telebasura, yo más bien propondría que nadie quiera volver a atender al mensajero, de forma que nunca le vuelvan a mandar. 

No creo que ver la televisión sea malo. Yo, personalmente, he crecido con varias horas de televisión a mis espaldas. Quizá por eso me resulta curioso cuando la gente pinta el típico retrato de la familia que, por cenar viendo la televisión, no se hablan y no tienen relación. En mi casa era más bien al contrario. La televisión era el tema de conversación una vez que todo el mundo había contado ya que tal le había ido el día. Explicar la trama a quien no se hubiera enterado, comentar las decisiones de los personajes, discutir sobre el realismo de los acontecimientos, imaginar cómo podía seguir la historia... No, desde luego que la televisión no nos aislaba. Así que, decididamente, no creo que el problema estén en ver la tele, está en qué más hacemos con el hecho de ver la tele.

Higiene televisiva

Como comentaba en el post de ayer, ahora, como adulto independizado, vivo sin televisor (y desde hace ya tres o cuatro años), rellenando su hueco por medio de internet. Es decir, buscando en la red lo que quiero ver. Esto me ha conducido de manera casi involuntaria al que creo que es uno de los aspectos fundamentales para hacer un correcto consumo televisivo: planificar lo que quiero ver, y ver sólo eso. Eliminar el zapping y el "a ver qué ponen" te quita de un plumazo varias horas desperdiciadas, al tiempo que te ahorra ver un montón de programación que no te aporta nada y que, en realidad, nunca quisiste ver (sin ir más lejos, los anuncios). 

Considero que éste es el primer paso que tenemos que dar en la educación para el consumo de televisión de nuestros pequeños (ya sean hijos o alumnos): enseñarles e insistirles en que planifiquen lo que quieren ver. Además, hoy por hoy, la tecnología nos permite no depender siquiera de los horarios de programación de las cadenas de televisión. Gracias a internet y a las smart TV, nosotros mismos podemos decidir cuándo ver qué gracias a la televisión a la carta, con lo que planificar nuestro consumo televisivo nunca ha sido más sencillo. 

Además, esta planificación puede ser en sí misma una esplendida actividad educativa. Si elegimos la programación por consenso entre toda la familia, estaremos trabajando la toma de decisiones grupales, con lo que ello implica de aprender a escuchar a los demás, a comprender sus puntos de vista, a desarrollar actitudes asertivas, a renunciar a tus intereses en beneficio de los demás... Si a las decisiones le añadimos el que cada miembro de la familia tenga que justificar qué quiere ver, estaremos trabajando con nuestros chavales el discurso argumentativo y la expresión oral. El valor de un ejercicio como éste una vez a la semana puede ser incalculable, y eso sin incluir lo que aportaría en lo que respecta a que los hijos se sientan escuchados por los padres, que los padres conozcan los intereses y motivaciones de sus hijos, que toda la familia comparta un rato de charla... 

La tele como niñera

Lamentablemente, muchos padres necesitan que la televisión haga una función de niñera, puesto que, con frecuencia, incluso cuando coinciden en casa con sus hijos, no pueden estar todo el rato prestándoles atención. Además, seamos francos, los que hemos trabajado con chavales sabemos que estar pendiente continuamente de un chaval es extenuante, con lo que es necesario contar con ratos de descanso. Y, puestos a que hagan algo por su cuenta y nos dejen descansar o trabajar, mandarles a ver la tele es a la par sencillo y efectivo. El asunto es que la tele puede ser simplemente una niñera, o puede ser Mary Poppins.  

Dando por sentado que hemos hecho correctamente el paso previo y que, por tanto, nuestros pequeños sólo ven en la tele aquello que realmente les interesa, ¿por qué no empezar a tratar la televisión como un libro? ¿Por qué no proponerles actividades sobre el programa que están viendo? Una vez que hayan terminado el programa (y que los padres hayan terminado la tarea en cuestión que les tenía ocupados -o hayan descansado un poco de hijos, que también hace falta a ratos-), sería muy interesante pedirles a los chavales que tengan que hacer un comentario del programa o capítulo que han visto, haciendo un pequeño resumen en el que señalen las ideas principales, por ejemplo. Podemos pedirles que nos digan quiénes son los protagonistas y quiénes los antagonistas, y que nos hagan un perfil de los personajes. Los más pequeños, incluso, podrían hacer un dibujo de los mismos. Podrían hacer también un relato en el que, partiendo de lo que haya pasado en el capítulo de hoy, tengan que imaginarse cómo va a continuar la historia o pensar un final alternativo. Vaya, cualquiera de las actividades que con tanta frecuencia usamos en las fichas de lectura y que no hay ninguna razón para no aplicar a los programas de televisión. 

Esto, además, sería sólo el principio, al igual que una ficha de lectura no es más que el comienzo de un buen libro-fórum. Podemos pensar en juegos y manualidades basadas en los programas de televisión que ven nuestros hijos. Un trivial sobre su serie de dibujos animados les ayudaría a potenciar la memoria tanto como estudiarse los arroyos de Madrid. Un tabú o un pictionary también son fáciles de adaptar a cualquier programa. Y esto pensando en los novatos; los padres con más tablas en el mundo del tiempo libre no tendrán ningún problema para pensar todo tipo de gymkhanas y dinámicas basadas en la serie favorita de sus hijos. 

La televisión, vaya, tiene potencial para ser mucho más que un electrodoméstico. Puede ser una gran herramienta. En nuestra mano está que sea una maza cuando queremos apretar un tornillo, o justo el destornillador que necesitamos. 

¿Qué opinas de la idea del tele-fórum? ¿Y de la reunión semanal para planificar la programación? ¿Te animas a probarlo y contarme la experiencia?

martes, 14 de enero de 2014

No en mi tele

"¿Es una Monster High?". "¡No!". La pregunta la hice yo. La respuesta, con una rotundidad que dejaba ver cierto grado de preocupación, es de mi sobrina de ocho años. El objeto de discusión era una muñeca nueva que le habían traído los Reyes Magos, y la fuente de su preocupación era que bajo ningún concepto la muñeca podía confundirse con una Monster High, pues en su casa están terminantemente prohibidas estas muñecas, que, por otro lado, yo conozco por haberlas visto casi a diario en los cromos que llevan a la biblioteca las alumnas de mi colegio. No seguimos debatiendo el sospechoso parecido de la muñeca con las protagonistas de la citada serie de televisión, puesto que no seré yo el responsable de que Melchor tenga que venir a dejar a mi sobrina sin regalo. Sin embargo, el asunto me llamó la atención, ya que mi cuñada suele ser una mujer bastante sensata en lo que a la educación de sus hijas se refiere, con lo que hice nota mental de su prohibición para echar un vistazo, por curiosidad, a la serie. Esto es lo que me he encontrado:


He de reconocer que no tener televisión quizá me desacredite un poco a la hora de valorar los programas televisivos. Las películas y series que veo son exactamente las que quiero ver. Las tengo que buscar por internet, lo cual implica haber pensado sobre la serie, valorar lo que me han contado y hacer un "esfuerzo" (podría llegar a considerarse insultante llamar "esfuerzo" a buscar por internet, lo sé, pero permítaseme la licencia) por verla. No puedo hacer zapping. No puedo caer en la tentación de llegar a casa y enchufar el televisor para desenchufarme la cabeza y simplemente ver qué ponen. Todo esto ha tenido una repercusión muy directa en mi consumo televisivo: ya no veo telebasura. Nada, ni siquiera por error o en los anuncios. Obviamente, os recomiendo a todos que sigáis mi método. Pero, al margen de eso, sí es cierto que puede ser que esté un poco oxidado en lo que al panorama televisivo se refiere. Válgame, pues, esto como disculpa, ya que quizá exagero cuando digo que, francamente, me parece que "Monster High" roza la telebasura para niños.

No soy ningún radical. No he olvidado los dibujos con los que yo crecí, ni mi indignación cuando retiraron "Dragon Ball" por su contenido violento. No pretendo que los dibujos infantiles sean folletos sobre el buen comportamiento, y entiendo perfectamente que los críos no tienen por qué imitar las actitudes nocivas que ven por televisión. Y, con todo, me chirría a estas alturas una serie infantil claramente enfocada a postular la importancia de la apariencia y de la popularidad.

Confieso que no he visto más que el primer capítulo, pero me ha parecido suficiente. Veinte minutos dedicados a inculcar la idea de que si no eres popular no sirves para nada (¿en qué momento hemos dejado que la popularidad cobre tanta presencia en España como en Estados Unidos?) y, lo que es casi peor, que para ser popular, necesitas gustar a la chica popular. Esto lleva a establecer que sólo hay un criterio, que sólo hay una personalidad adecuada: aquella que aceptan las personas que, por un motivo o por otro, son consideradas populares. Estupendo: apología de la uniformidad de la personalidad, justo lo que hace falta enseñar a niños y niñas en un momento en el que están intentando descubrir cómo quieren ser.

Por otro lado, en la serie está siempre presente la importancia del aspecto físico. Sólo la forma de vestir de los personajes ya da un peso fundamental a su imagen, peso que rematan con comentarios como "Por las mañanas no revivo hasta que me retoco la cara". Personajes que siempre visten con falda, maquilladas hasta el último rincón de la cara, calzadas siempre con tacones, con el pelo teñido... Una forma muy directa de enseñar a nuestras niñas que deben cuidar su aspecto. Enseñanza de la que el siguiente mensaje lógico sería: debéis cuidar vuestro aspecto porque, como mujeres, si no sois guapas, no valéis nada. ¿Éste es el mensaje que queremos que asimile desde pequeña la mujer del siglo XXI?

Podría explicar también cómo "Monster High" transmite la imagen del colegio como un lugar aburrido que hay que sufrir, cómo fomentan las revistas juveniles (estilo SuperPop, claramente referida en la serie como SuperHorror) como referente para la toma de decisiones, cómo transmiten la idea de que entre las chicas sólo hay conversaciones superficiales referentes a la ropa o los chicos... En fin, que hay mucha lana que cortar...

Pero, insisto, no soy ningún talibán. En este primer capítulo también he podido ver cosas positivas. La recomendación más o menos implícita de integrar a los demás y el claro consejo de ser uno mismo, hasta donde yo he llegado. Pero estos puntos se pierden fácilmente enterrados por todo lo demás. Me atrevería a decir que estos aspectos tienen la función básica de poder presentar esta serie como "educativa". El problema es que todo lo demás tiene mucho más peso, y envolverlo en un intento de hacerla pasar por una serie con un buen trasfondo sólo la hace más peligrosa.

Después de todo lo dicho, no creo que quepa duda de que comprendo la decisión de mi cuñada. Ya lo he dicho, una mujer muy sensata. Y aun así, no creo que prohibir a sus hijas ver la serie sea la mejor idea. Sin querer, podría estar generando que sus hijas se sientan excluidas cuando sus compañeras hablen de la serie. Podría estar despertando en sus hijas una irrefrenable curiosidad por esta serie. En el peor de los casos, podría incluso estar dando lugar a que sus hijas sean objeto de burla entre sus compañeras, pues la crueldad infantil no perdona a quienes tienen unos muñecos diferentes. No, la prohibición no me parece una buena solución.

Mucho mejor sería, a mi entender, darles recursos a sus hijas para que puedan justificar por qué no ven "Monster High", más allá del simple "porque mi madre no me deja". Sería mucho mejor ver la serie con ellas y animarlas a hacer la misma lectura crítica que tú estás haciendo, que vean lo mismo que a ti no te gusta. No prohibirles que vean la serie, sino conseguir que no la quieran ver.

¿Estás de acuerdo conmigo en cuanto a la prohibición de los programas? ¿Compartes mi opinión sobre "Monster High"? ¿Cómo crees que está afectando el uso de internet al consumo de televisión?

lunes, 13 de enero de 2014

Saber leer no es estar alfabetizado

El analfabetismo funcional hace referencia a aquellas personas que saben leer y escribir, pero que no son capaces de hacerlo de forma eficaz en sus vidas. Es decir, saben leer, pero no entienden lo que leen, no son capaces de interpretarlo ni de interiorizarlo. En el mundo de internet y las nuevas tecnologías, ¿cuántos analfabetos funcionales estamos creando en las aulas? La alfabetización digital, es el proceso por el cual evitaremos cientos de analfabetos funcionales navegando por la red.


Y digo funcionales, no simples analfabetos, porque lo cierto es que la educación hace ya años que intenta que no haya analfabetos informáticos. En todos los colegios públicos hay un aula de informática, y desde pequeños los alumnos se acostumbran a utilizar el ordenador y el software necesario para presentar sus trabajos. Cualquier chaval llega a Secundaria manejando con soltura el Word, sabiendo hacer una presentación de PowerPoint, desenvolviéndose sin problema en Google, enviando e-mails a diario e, incluso, perfectamente capaz de subir un vídeo a YouTube. Pero no basta con saber leer para no ser analfabeto, y no basta con saber manejar el software y el hardware para no ser un analfabeto digital.

Una alfabetización distinta para un mundo diferente


El mundo ha cambiado más que exponencialmente en el último siglo. Y con él han cambiado también la cultura y las formas de expresión. Hoy la comunicación es multimedia y combinamos constantemente lenguajes textuales, audiovisuales, icónicos y sonoros. Por tanto, se hace necesaria una educación que permita desarrollar competencias con las que manejar de forma fluida todos estos lenguajes. Una educación que, tal y como señalan Manuel Area Moreira y col., capacite a nuestros alumnos en la "producción y análisis del lenguaje audiovisual, en el dominio del uso de los recursos y lenguajes informáticos o en el desarrollo de habilidades de búsqueda, selección y reconstrucción de la información".

Carles Monereo sintetizó en cuatro las grandes competencias tecnológicas que debía inculcar la nueva educación: competencias para buscar información y aprender a aprender (encaminadas a forjar un aprendiz permanente, autónomo y que se autorregula, que aprende de situaciones no formales y que es capaz de aplicar su conocimiento en función de un objetivo y de un contexto); competencias para aprender a comunicarse (que permitan al alumno usar el lenguaje específico de cada disciplina, emplear simultáneamente distintos medios y dar mayor importancia al contenido de dicha comunicación, frente a la ortografía o la sintaxis -con la confianza de que la tecnología cubrirá este aspecto-); competencias para aprender a colaborar (de manera que el alumno pueda aprender de forma cooperativa y en red), y competencias para aprender a participar en la vida pública (con las que el alumno sea capaz de construir una identidad personal y unas metas vitales dirigidas a mejorar el mundo, forme parte de asociaciones, partidos y ONGs, y desarrolle una actitud empática y tolerante, así como una visión crítica).

En  síntesis, la alfabetización digital es una misión más que recae sobre los profesores, quienes debemos enseñar a nuestros alumnos a desenvolverse con lenguajes nuevos, a saber navegar en un océano de información infinita sin ahogarse y a vivir en un mundo donde el conocimiento gana más valor si se comparte, y a hacer todo esto con una perspectiva crítica.

Un par de cosas más

Merece la pena destacar dos aspectos esenciales de la alfabetización digital. Por un lado, es una herramienta fundamental para salvar la brecha digital. Dotar a todo el mundo de las capacidades necesarias para desenvolverse en la sociedad de la información es un paso básico para la inclusión. Dar la posibilidad a la gente de aprovechar todo el potencial que internet pone a nuestro alcance es darles la oportunidad de ganar voz y de participar activamente en el mundo que les rodea.

Por otro lado, además de todos los objetivos que ya hemos establecido para la alfabetización digital, otro elemento importante que inculcar a nuestros alumnos es saber gestionar los ámbitos público y privado en este nuevo contexto virtual. Una correcta comprensión del lenguaje digital pasa, necesariamente, por conocer los riesgos que también tiene la web y, por tanto, hemos de prevenirles frente a una creciente tendencia al exhibicionismo digital.

Y, por supuesto, será esencial hacerles comprender también, dentro de los citados riesgos de la web, que el mundo sigue mucho más allá de sus pantallas:


¿Crees que todo esto se está cumpliendo hoy por hoy en las escuelas, que la auténtica alfabetización digital está ya en marcha?  


domingo, 12 de enero de 2014

La Web 2.0

¿Qué es la Web 2.0? En pocas palabras: compartir. Pero, mejor que en pocas, sin palabras:



Cuando empecé a estudiar Periodismo, en España empezábamos a hablar de la Web 2.0. Entonces, en la carrera los profesores intentaban dejárnoslo muy claro: es el próximo paso. Hoy, ya no es el próximo paso, es el camino que estamos andando. 

Hoy, todos nos movemos en la Web 2.0, porque, como he dicho, consiste en compartir. Quizá lo podría completar un poco más: compartir y crear. Por tanto, cada vez que actualizamos nuestro estado en Facebook, cuando subimos una foto a Flickr, grabamos una ruta en Wikiloc, vendemos algo por eBay, colgamos un vídeo en YouTube... Incluso cuando comentamos una noticia en un periódico, estamos creando internet y, por tanto, estamos construyendo la Web 2.0. 

En contraposición con esta versión de internet, la versión anterior se empezó a llamar Web 1.0, y se caracterizaba porque el conjunto de la sociedad eramos consumidores. Leíamos, veíamos y oíamos lo que los medios de comunicación e instituciones estaban colgando en la red. Sin embargo, ahora somos usuarios: no sólo consumimos lo que otros crean para nosotros, sino que nosotros mismos creamos contenidos para los demás. Ésa es la gran diferencia.  

Más en detalle

Entrando en una explicación más académica, Manuel Area Moreira y col. (Alfabetización digital y competencias informacionales, 2012) distinguen seis elementos característicos de la Web 2.0. Para ellos, uno de los rasgos fundamentales de este nuevo internet es su función como mercado global, en el que cada vez son más variados los tipos de negocio que realizamos on-line. Han quedado atrás las simples compras de ropa. Buscamos piso, compramos libros, mandamos curriculums, gestionamos nuestras cuentas de banco, alquilamos películas..., todo sin movernos de casa. 

También destacan la función de punto de encuentro que cumple hoy en día internet: "Las redes sociales nos permiten estar en contacto permanente con otros usuarios". Redes que, además, llegan a conseguir un sentimiento de pertenencia a un grupo y que incluso han dado alas a grandes movilizaciones sociales. 

Por otro lado, aunque la Web 2.0 no se caracteriza por una nueva tecnología, sino más bien por un nuevo uso de una tecnología ya existente, sí es verdad que su desarrollo ha sido paralelo al de la banda ancha, la tarifa plana y el internet móvil. Todo ello ha contribuido a que, como resaltan Manuel Area Moreira y col., otra de las características de este nuevo internet sea el lenguaje multimedia. Incluso, apuntan estos mismos autores, se ha alcanzado un punto tecnológico en el que "llega a mezclarse lo virtual y lo empírico, generando mundos virtuales". 

Y aquí entra la escuela

Los dos elementos restantes de los que señalan Manuel Area Moreira y col. son, para mí, los más interesantes en lo que respecta a la educación. 

Por un lado, "la biblioteca universal", la enorme cantidad de información que encontramos a nuestro alcance en internet. Si todos producimos, lógicamente, hay mucho más que consumir. Y esto es también cierto en lo que a información se refiere. Nos llegan noticias inmediatas desde múltiples fuentes y en varios formatos. Decenas de amigos nos cuentan, simultáneamente, el estado de sus relaciones, sus películas favoritas, cuánto deporte hicieron ayer y el último libro que se han leído. Interrumpimos la conferencia on-line que estamos viendo porque nuestro bloguero favorito ha escrito una nueva entrada... No hay mente humana capaz de procesar tanta información. Y este exceso de información provoca desinformación. Provoca "infoxicación". 

Ante esto, la educación, en todos sus niveles, debe tomar un rol activo, adjudicándose la función de dotar a todos los alumnos de la capacidad de filtrar información. Debemos trabajar para dar herramientas a nuestros alumnos que les permitan cribar qué información tiene validez y cuál no, cómo distinguir una fuente seria, cómo detectar e ignorar a un trol... Debemos enseñarles a escuchar en un mundo en el que hay demasiada gente hablando a la vez

Por otro lado, Area Moreira y sus compañeros apuntan también el carácter fragmentario de la información que se difunde por internet. Como ellos señalan, la creación de textos a través de hipervínculos propicia una lectura constantemente interrumpida; la posibilidad de acceder a la información en cualquier momento, facilita la descontextualización y reinterpretación de dicha información; el auge de la inmediatez está dando lugar a textos cortos en los que no hay cabida para la argumentación ni la reflexión.

Ante esta realidad, la escuela, de nuevo, debe hacerse responsable. Por un lado, es nuestra misión enseñar a los alumnos a utilizar el nuevo estilo narrativo, pues se van a ver obligados a uttilizarlo. Debemos hacer que sean capaces de expresar sus ideas con claridad y de forma justificada en un texto directo y conciso. Y, al mismo tiempo, tenemos que generar en nuestros alumnos una inquietud para que busquen los espacios para la reflexión, para la discusión y la lectura calmada. Es nuestra la difícil doble tarea de lograr que nuestros alumnos sepan expresarse con riqueza con pocas palabras y, paralelamente, no dejen de disfrutar del mundo de las subordinadas.

¿Alguna sugerencia sobre cómo hacerlo? ¿Crees que la llegada de las tabletas, junto con la progresiva costumbre de leer en pantalla, podría crear un nicho para textos más complejos?