martes, 29 de noviembre de 2022

Trasteando con los paisajes de aprendizaje

Después de mucho tiempo sin pasar por aquí, hago una visita rápida simplemente para dejar mi primer intento por hacer un paisaje de aprendizaje, que se ha materalizado en esta imagen interactiva que he hecho con Genially. No es gran cosa, pero por algo se empieza:


jueves, 9 de noviembre de 2017

Odio eterno a la Selectividad

"Segundo de Bachillerato es lo peor que le pasa a un estudiante". Esta afirmación es mía. La dije con 17 años, inmerso en Segundo de Bachillerato, y la mantengo. Sí, es una exageración, qué duda cabe, pero no es una exageración falsa. No es lo peor que le puede pasar. El bullying, la muerte de un progenitor o un hermano, un accidente o la contracción de una enfermedad crónica son sin duda alguna dramas mucho peores. Pero todas estas cosas no tienen por qué pasarle a un estudiante. Pueden ocurrirle a cualquiera, pero no todos los estudiantes pasarán por estas experiencias traumáticas sí o sí. Segundo de Bachillerato, y su culmen, Selectividad, le pasan a todos los estudiantes que quieran acceder a estudios universitarios. Es lo peor que le pasa a un estudiante. Segundo de Bachillerato, tal y como dije cuando lo cursaba, es antipedagógico, antieducativo y antinatural. El estrés permanente por la omnipresencia de Selectividad, la urgencia por acabar temarios, la presión constante para sacar mejores notas (no sólo mejores que tus notas anteriores, sino mejores que las del resto de gente, porque al final Selectividad es un proceso competitivo contra todos los demás que quieran estudiar tu misma carrera) y la sucesión infinita de exámenes para ir bien entrenado a Selectividad nublan por completo el incentivar la curiosidad, el profundizar en los contenidos, el estimular las discusiones, el promover la investigación... E incluso el pararse a escuchar a unos alumnos que están viviendo una situación de estrés mantenida en un momento crucial en sus jóvenes vidas. Todo esto lo dije con 17 años. Dieciséis años, casi dos carreras (aún no he terminado Magisterio) y un master después, lo mantengo. 



Me considero y siempre me he considerado un buen estudiante. Llevo con orgullo la etiqueta de empollón desde que me la encasquetaron de pequeño. No recuerdo no querer ir al cole (habría que contrastarlo con mis padres, que igual me tengo idealizado a mí mismo). Evidentemente, prefería las vacaciones y los fines de semana, pero para mí no era ningún suplicio asistir a clase y me gustaba estudiar. Y, con todo, no disfruté nada Segundo de Bachillerato, a pesar de que probablemente sea el curso en el que estudias temas más interesantes y complejos, y además sobre asignaturas que en gran medida ya has seleccionado tú mismo. Me parece síntoma suficiente de que algo falla en Segundo de Bachillerato y sinceramente creo que eso que falla es Selectividad. 

Con 17 años mi vocabulario técnico no me permitía mucho más que englobar Selectividad dentro de la categoría general de "otros exámenes de mierda como éste". Ahora ya sé que en la jerga educativa Selectividad es un "examen normalizado de alto riesgo", que aunque suena mucho más técnico, viene a ser más o menos lo mismo que yo decía al borde de mi mayoría de edad. Y hoy, leyendo el libro Escuelas Creativas, de Sir Ken Robinson (eh, que es Sir, habrá que prestar atención a lo que diga), me he encontrado con que hay mucha gente que tiene mi misma opinión (gente, al contrario que yo, con autoridad en la materia): los exámenes normalizados de alto riesgo son una lacra.  

Entre las citas que recoge el libro, está esta frase de Rhonda Matthews, profesora de quinto curso en Estados Unidos: "Con los exámenes oficiales dejamos por completo de pensar, de comunicarnos y de relacionarnos" (pp. 213-214). Y lo dice una profesora de quinto porque, tristemente, los exámenes estandarizados se están extendiendo a muchos cursos en muchos países, no sólo como una criba para entrar en la universidad, sino para determinar si consigues o no el graduado escolar, si puedes ir a uno u otro centro, o si puedes seguir una línea u otra de estudios secundarios (en España, la CDI -que en Madrid se hace desde 2005- y las famosas "reválidas" de la LOMCE no parecen en principio tan restrictivas -al menos para Primaria-, pero tiempo al tiempo). 

Estas pruebas pueden tener su debatible lado positivo, no lo niego (pueden ser pruebas diagnósticas que sirvan para evaluar el sistema en su conjunto, como pretende ser PISA), pero Ken Robinson señala dos problemas importantes de las pautas y la normalización. Uno, ninguna persona es igual a otra, y por tanto en educación, que debería tender a ser lo más personalizada posible, las pautas y los estándares deberían aplicarse con mesura. Y dos, "muchos de los cambios más importantes que las escuelas deberían estar fomentando no pueden normalizarse" (p. 216). Estos dos problemas, sigue explicando Robinson, se manifiestan en el efecto que ha tenido el movimiento de normalización en las escuelas. Por un lado, "en lugar de ser una herramienta que mejore el sistema educativo, los exámenes normalizados se han convertido en una obsesión" (p. 216) (ésa misma que yo percibía en Segundo de Bachillerato y que ahora se está contagiando a edades más tempranas), obsesión que condiciona el trabajo que se hace en el aula y convierte las clases en sesiones de entrenamiento para estos exámenes. Además, "al depender tanto de los exámenes, se crea una presión generalizada por enseñar únicamente las materias en las que los alumnos se examinan, por lo que se presta poca atención al resto de asignaturas" (p. 216). De esta manera, los exámenes normalizados acaban determinando en buena medida el plan de estudios y el método de enseñanza, y además llevan a reducir los distintos métodos de evaluación que usan los profesores. 

Por otro lado, remitiendo a Yong Zhao, Robinson explica que el movimiento de normalización escolar tiene repercusiones negativas en los alumnos en dos aspectos interesantes. Por un lado, los exámenes normalizados "hacen hincapié en destrezas que los alumnos de países menos desarrollados pueden vender por mucho menos dinero" (p. 218). O sea, no sirven para preparar a los alumnos para ser competitivos en un mercado global. Por otro, "la importancia que se concede a los exámenes, debido al tiempo que requieren, disminuye las oportunidades de enseñar a los niños a utilizar su creatividad y espíritu emprendedor innato, precisamente las capacidades que pueden protegerlos frente a la imprevisibilidad del futuro" (p. 218). O sea, que preparar los exámenes normalizados tiene un coste de oportunidad respecto a otras habilidades y destrezas que sí merecería la pena trabajar en el aula. A estos males, Robinson suma la tentación de "maquillar" de alguna forma los resultados de estos exámenes, en Estados Unidos, porque la financiación de los colegios depende de ellos; aquí, porque, al hacer públicos los resultados, se crea un ranking de colegios que incita a que los padres elijan unos u otros centros (lo cual, al final, tiene también repercusiones en la financiación). Yo personalmente he visto cómo se animaba a ciertos alumnos a "ponerse malos" el día de la CDI, de forma que sus resultados no bajaran la media del centro. Y Robinson apunta el riesgo de centrase exclusivamente en los alumnos que están muy cerca de poder superar el examen, olvidándose de los que lo aprobarán sin problemas o, lo que es más grave desde mi punto de vista, de los que no tienen posibilidades frente al examen.


Creo que todo esto es cierto para todos los exámenes estandarizados, incluidos los exámenes de Cambridge o Trinity que tanto preocupan últimamente a los colegios bilingües de la Comunidad de Madrid, y que el año pasado tuve la oportunidad de ver en directo cómo condicionaban la metodología de trabajo con chavales de 3º Primaria, llegando a dejar un tanto apartados a algunos de ellos. Pero mi embate inicial era contra Selectividad, porque me parece la quintaesencia de los exámenes normalizados de alto riesgo en España, así que permitidme que vuelva a arremeter contra ella. Me parece que en Estados Unidos el equivalente más parecido a nuestra Selectividad es el SAT (Scholastic Assessment Test), que, tal y como lo define Robinson, "es el principal obstáculo que los alumnos deben salvar para poder cursar estudios superiores" (p. 219). En mi opinión, las críticas que hace nuestro Sir al SAT son perfectamente extrapolables a Selectividad. 

Para empezar, "este examen causa tanta inquietud entre los alumnos estadounidenses de secundaria que ha dado origen a una industria que se ocupa de preparar exámenes de práctica y que genera casi mil millones de dólares en ingresos anuales". Vaya, que hay muchos intereses privados en estos exámenes estandarizados y en concreto en Selectividad (no creo que a ninguno nos cueste mucho visualizar la multitud de academias que "te ayudan" con Selectividad). Pero incluso desde estos sectores interesados llegan críticas a este tipo de exámenes. En Escuelas Creativas se citan las palabras de John Katzman, cofundador de The Princeton Review, una de esas instituciones que se dedican a preparar exámenes de práctica: "Estos exámenes no evalúan nada importante. Son, ni más ni menos, una falta total de respeto para los educadores y los alumnos, combinada con una incompetencia total" (p. 220). A continuación, Robinson añade que los estudios dan la razón a Katzman, y asegura que hay "múltiples informes que demuestran que la media global de las calificaciones de secundaria es un indicador mucho más fiable del éxito universitario que la nota del SAT" (p. 220). 

Para rematar, Robinson suma las declaraciones de Randi Weingarten, presidenta de la Federación Estadounidense de Profesores: "La política educativa que prioriza los exámenes obliga a los profesores a sacrificar el tiempo que necesitan para enseñar a sus alumnos a analizar contenidos de forma crítica. Tan sólo se centran en enseñarles con el fin de que aprueben" (p. 221). Y este reproche me parece fundamental, porque le aporta un componente quizá un tanto "conspiranoico", pero no por ello menos preocupante: ¿y si el movimiento de normalización de los colegios tiene entre sus objetivos conseguir sociedades más dóciles? Volviendo a Escuelas Creativas, me remito a las palabras de Nikhil Goyal cuando describe la clase en la que estudiaba antes del SAT: "Se notaba que los alumnos estaban muy agobiados; tenían un aspecto enfermizo. Eran básicamente robots, en mi opinión. Se les veía muy sumisos, seguían las instrucciones que se les daba sin rechistar, y carecían de creatividad o de curiosidad" (p. 220). 

Alumnos enfermizos, que obedezcan sin protestar y sin curiosidad o creatividad alguna. Eso es lo que fomentan los exámenes normalizados de alto riesgo. Eso es lo que fomenta Selectividad. Eh, y no lo digo yo, lo dice todo un Sir. 


martes, 1 de noviembre de 2016

En defensa de los cómics

Los que ya me conocéis un poco sabéis de sobra que soy un firme defensor del uso educativo de los cómics, y si me seguís en mi otro blog, ya me habéis visto aplicarlo. El asunto es que hoy he escrito una reflexión sobre esto mismo (aunque también tocando otros aspectos) para la asignatura de "Exploring Children's Literature in English" (para la carrera de Magisterio), en la cual hemos tenido que trabajar a partir de este artículo: Matching books and readers: selecting literature for English learners.  Aunque he escrito el texto en inglés, me apetece compartirlo con todos vosotros, así que aquí os lo dejo.

Some special picture books
The article we are handling has a lot of interesting recommendations, but there are two of them that has caught my attention especially: the use of picture books and the use of poetry. Of those two, I would like to focus on picture books on this entry, but first, there is an interesting statement I would also like to highlight.

The article posits clearly that "access to books has been shown to encourage more frequent reading" (Vardell et at., 2006, p. 734), and goes on: "Students in classrooms with libraries read 50% more than students in classrooms without them" (Vardell et at., 2006, p. 734). So if we are to accept the fact that we read more when we have an easier access to books, we should then accept that e-books and other electronic reading devices are tremendously useful to increase reading rates. With electronic reading, is easier to carry your book with you wherever you go and you have no time or distance limits to purchase a new book (or even to borrow it, as it is becoming more common for libraries to provide this service, even in Spain). Not to mention the fact that electronic books tend to be cheaper than printed books, and they always look like new, something that, believe it or not, has an important effect to appeal young readers -I can assure you this after working as a school librarian for four years-. But you don’t need to take my word on the benefits of e-books for reading rates: there is some research about it that proves my point. As a matter of fact, Rainie et al. conducted an inquiry for the Pew Internet and American Life Project on 2012 which showed that e-book users tend to read 37,5% more than non-e-book users: in a year, the average e-book reader would read 24 books in contrast to the 15 books of the non-e-book reader. So, though I’m not obviously against printed books (I love paper and the smell of a book just as much as anyone), we should consider electronic resources to promote reading among our students, much more if we take into account the savings this could mean for the classroom library (not only in money but also in space) and also some other functions that electronic reading offers like the built-in dictionary, which makes it easier for the student to check any unknown word.

OK, as a foreword I think this is more than enough, as my main goal in this entry was to talk about picture books. Vardell et al. (2006) give a great importance to the visual accessibility of the books and they strongly advocate to use illustrations in books, as "highly visual books help provide scaffolding as students begin by reading the pictures" (Vardell et at., 2006, p. 735) and so illustrations help readers to figure out the meaning of text. In this sense, I feel the article is more focused on beginner readers and kind of refers mainly to illustrated books for kids, and I can’t help to miss an essential reference when talking about picture books, one that can be really useful to promote reading among young readers, and especially among those closer to teen ages (we cannot forget Primary also comprises 6th grade students). I’m talking, of course, about comics and graphic novels.

Although poorly considered for a long time, assuming it as low literature (or not even literature at all), comics have proved themselves all the time. As Hosler and Boomer (2011) state, “educators have been using comics in the classroom for over 60 years” (Hosler and Boomer, 2011, paragraph 3), and they refer to research that suggests that the use of comics in the classroom increases students’ interest. Haines (2012) lists several benefits of comics in regard to reading and learning. Comics “engage readers who learn visually, and who are comfortable with visual media” (Haines, 2012, paragraph 5), something really essential in a world ruled right now by the power of the image. She also highlights that comics encourage to explore different genres and literary styles (something that Verdell et al. themselves underline as important) and open the mind to new ways of storytelling.

Another important fact Haines underscores is related to the common critic towards the low reading level of comics. She explains that, according to Jim Trelease, a read-aloud specialist, “to become proficient readers, people need to master a set of about 5,000 ‘rare words’ that appear infrequently in conversation” (Haines, 2012, paragraph 3), and it seems that these words appear 52 times per 1,000 words in the average adult novel, whereas in comic books, they appear 53 times per 1,000 (Hayes & Athens, 1988, quoted in Haines, 2012). Professor Katie Monnin and Josh Elder (Reading with Pictures - Teacher Guide, 2014) endorse this argument:
According to the University of Oregon Center on Teaching and Learning, “Comic books average 53.5 rare words per thousand, while children’s books average 30.9, adult books average 52.7, expert witness testimony averages 28.4, and the conversations of college graduates with friends average 17.3.” (Reading with Pictures - Teacher Guide, 2014, page 15).
So I think it’s safe to say that reading comics really increases your vocabulary.

And we are not nearly finished with the reasons to use comics in the classroom. Going back to Verdell et al.’s article, they propose to use poems linked to something that is already going on. In my opinion, this is a good advice not only for poetry but for books in general. Therefore, if there is currently a huge trend of blockbusting superheroes films, why not use it to promote reading? All those films that children are rushing to watch are based on an infinite series of comics that could have any reader reading for the rest of his/her life (trust me on that: I’m a subscriber to Marvel Unlimited and I can assure you it is truly unlimited).

Besides, children already like comics, and when promoting reading, we should really take advantage of every little help. As Monnin and Elder explain (Reading with Pictures - Teacher Guide, 2014, p. 15), “when given a choice, kids —especially boys and reluctant readers— are increasingly gravitating toward the comic format over traditional text”. And, sincerely, I find it easy to believe. Right now I’m reading, among other things, the comic adaptation of Moby Dick from Marvel. I will just leave you here the first page of both the comic and the original version and you tell me which one you honestly think would result probably more appealing for a young reader.


Sure, the text is not the same and, obviously, you lose part of the narration. But if you get the student to read eagerly Moby Dick, to get to know the story it tells, to get to discuss with the rest of his/her partners the philosophy and values within this novel, isn’t it worthy to miss part of the text? Besides, after reading this comic, the student is more likely to, someday, revisit the original Melville's novel, simply, because if s/he enjoys the reading, s/he is more likely to read any other text in the future, as s/he gets to incorporate reading as a hobby.

There has been an important drop in children reading for fun (in a survey in 2010 in the States, only 51% of the children said to read for fun), and as the OECD posits, enjoy reading “is an important precondition for becoming an effective reader”(OECD, Education at a glance 2011: Highlights, 2011, p. 94), and readers who like it have a bigger chance of completing a complex reading task. So our goal should really be to breed hooked readers who resort to reading just as a leisure activity. And comics can lend us a big hand in that.

I firmly believe that reading comics leads to more reading overall, as I have experimented that fact in my own life: I have been a keen reader all my life, whereas my older sister didn’t really fall for reading until well into her twenties. My father has always been completely sure where the reason for that lies: as a kid, I was an avid comic reader, my sister wasn’t. And I keep reading comics, but I also jumped to read so many more things. In fact, Monnin and Elder refer to a study by Stephen Krashen where he showed that “kids who read more comic books, did more pleasure reading, liked to read more, and tended to read more books” (Monnin and Elder, Reading with Pictures - Teacher Guide, 2014, p. 15) supporting in this way the idea that comics promote heavier reading

I really think I should finish this entry sooner than later, and I believe I have already made my point. So I will just conclude insisting on how comics can reach reluctant readers, as they are far less intimidating, they scaffold reading and they build on visual intelligence too (and not merely verbal). As teachers, we could also take advantage of comics for English as Second Language learning. So, yeah, comics are really a marvel.

viernes, 7 de octubre de 2016

Por fin llegará el cambio

De educación, por suerte, se habla y se escribe mucho. Y el programa de radio que os dejo a continuación no es nada del otro mundo. No es una conferencia de un experto educativo que nos explique métodos revolucionarios de aprendizaje. No es el testimonio de ningún alumno o profesor que nos haga vibrar con una experiencia educativa alternativa. Ni siquiera es un informe con las conclusiones del algún estudio neurocientífico que ratifique por decimoquinta vez que hay algo mal con nuestro sistema educativo. Es sólo un programa de radio


Desde que me metí a estudiar Magisterio, hace ya tres años, no han dejado de llegarme multitud de iniciativas renovadoras de la educación. Muchas de ellas, basadas en ideas que se enunciaron hace más de 40 y 50 años (que el método Montessori nos siga sonando revolucionario cuando surgió de la forma de trabajo de una mujer que murió en 1952 no deja de ser sorprendente, y hasta un poco paradójico). Hablando con mi padre, me comentó que él ya vivió en los 70 un auge de la renovación educativa, un momento de exaltación en el que él y otros muchos se pasaban las tardes educando niños y niñas en Vallecas, jaleados por los esfuerzos del padre Llanos. Una época en que parecía que el sistema educativo iba a sufrir una transformación completa, hasta el punto de que él mismo, para entonces estudiante de Economía, se planteó meterse en la educación. Y al final, nada... No llegó el gran cambio educativo. Las clases siguieron siendo muy parecidas a las que llevaban impartiéndose décadas. 

No puedo dejar de temer que ahora pase lo mismo. Que la gran ola de renovación educativa que hace tiempo que veo que avanza hacia la playa termine rompiendo sin más contra el dique del inmovilismo, y retrocediendo mar adentro con la resaca. Sin embargo, la espuma me salpica desde tantos sitios distintos, que no puedo evitar ilusionarme. No puedo controlar mis ganas de pensar que esto es imparable. Que la ola va a llegar y arrastrara consigo un montón de castillos de arena que quisieron hacernos pensar que eran de marmol. Que traerá sal nueva, agua fresca. Que nos podremos dar un enorme chapuzón. 

Y por eso comparto este programa. Porque es sólo un programa de radio, pero creo que recoge mucho de ese espíritu de renovación educativa, mostrando que llega desde muchos sitios. Desde padres a profesores. Desde la música al cine. La ola lo salpica todo.

Pd: Para los que no la hayáis visto aún, ésta es la película de la que habla Viggo Mortensen en Carne Cruda.


jueves, 22 de septiembre de 2016

Educación Física: esa "maría" esencial

Ayer tuve que hacer un ejercicio para un foro en la asignatura de Educación Física y su Didáctica y, francamente, me pareció una pena que se quedará sólo ahí, donde no la puede leer nadie fuera de nuestra clase. Además, con lo que soy yo de reutilizar, no iba a dejar el texto abandonado.

El asunto es que tuve que reflexionar sobre la importancia de la Educación Física y algunos conceptos que veo muy vinculados a ella. 

Siendo una persona a la que siempre le ha gustado el deporte, jamás le di ninguna importancia a esta asignatura como estudiante. Al menos, no hasta que llegó mi profesora de Educación Física de 3º ESO. Fue ella la que convirtió para mí  la “Gimnasia” en “Educación Física”. Y lo hizo en los cinco primeros minutos de la primera clase, contándonos una cosa muy evidente. “Chicos”, dijo (y me permito citar con la flexibilidad de una memoria por la que han pasado ya más de quince años), “yo entiendo que todos pensáis que Matemáticas, Lengua, o Historia son mucho más importantes que Educación Física. Y Matemáticas, Lengua e Historia os van a ser muy importantes para la vida. Pero Educación Física más. Porque si queréis ser capaces de poder correr a coger un autobús sin asfixiaros cuando tengáis 30 años, tenéis que darle importancia a Educación Física. Si queréis ser capaces de poneros una chaqueta sin ayuda cuando tengáis 70 años, tenéis que darle importancia a Educación Física. Matemáticas, Lengua o Historia os serán muy útiles si queréis encontrar un trabajo. Educación Física os será muy útil si queréis vivir sanos”. Desde entonces, he defendido ante muchos chavales de muchas edades lo esencial que resulta Educación Física.


De hecho, la UNESCO me da la razón, y en el artículo 1 de la Carta Internacional de la Educación Física, la Actividad Física y el Deporte, establecen: “La práctica de la educación física, la actividad física y el deporte es un derecho fundamental para todos”. La mismísima institución de las Naciones Unidas considera que la Educación Física es un derecho fundamental. De hecho, considera esta asignatura tan importante, que recomienda que sea obligatoria y diaria (Carta Internacional de la Educación Física, la Actividad Física y el Deporte, UNESCO, 2015, p. 3): 
Todo sistema educativo debe asignar el lugar y la importancia debidos a la educación física, la actividad física y el deporte, con miras a establecer un equilibrio y fortalecer los vínculos entre las actividades físicas y otros componentes de la educación. Debe también velar por que en la enseñanza primaria y secundaria se incluyan, como parte obligatoria, clases de educación física de calidad e incluyentes, preferiblemente a diario, y por que el deporte y la educación física en la escuela y en todas la demás instituciones educativas formen parte integrante de las actividades cotidianas de los niños y los jóvenes.

Los beneficios más evidentes de la Educación Física que nos ayudan a sostener su importancia son los relacionados con la salud física. La National Academy of Sciences (Five Approaches to Physical Education in Schools, 2013) avisa que la Educación Física supone la única oportunidad para garantizar que todos los niños y niñas desarrollen una actividad física. En el mismo documento, esta institución afirma que “hay una correlación directa entre la participación regular en una actividad física y la salud en los niños en edad escolar” (Five Approaches to Physical Education in Schools, 2013, “Importance of Physical Education to Child Development”, párrafo 1). 

Teniendo en cuenta que los datos de la OCDE de 2014 fijaban en España un problema de sobrepeso en el 26% de los niños y en el 24% de las niñas (cifras ligeramente superiores a las de los países de nuestro entorno), parece evidente que tenemos la necesidad de promover la Educación Física como forma de combatir el sedentarismo que se está convirtiendo en uno de los mayores problemas de nuestra sociedad (entre los adultos, la misma OCDE alertaba en 2014 de que casi un 50% de la población tiene problemas de sobrepeso en nuestro país). De hecho, Shirotriya (Defining the role and contribution of Physical Education and Physical Education Teachers towards the society, 2011, Journal of Physical Education and Yoga, Vol. 2, nº 1, pp. 130-135) afirma que hay evidencia científica que demuestra que hay una relación directa entre la pérdida de capacidad funcional y el aumento en la morbilidad y la mortalidad en enfermedades crónicas y el estilo de vida sedentario. 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) determina que los niños de entre 5 y 17 años deberían hacer un mínimo de 60 minutos diarios de actividad física de intensidad media-alta (y proclaman que aumentar ese tiempo aumenta también los beneficios sobre la salud), y la asignatura obligatoria de Educación Física es la única manera que tiene nuestra sociedad de garantizar que cumplamos esta recomendación. Esto, por sí mismo, debería llevarnos a no sólo a defender la asignatura de Educación Física, si no a luchar por que se aumenten sus horas hasta hacerla diaria. Pero, por si fuera poco, hay que tener en cuenta que uno de los principales objetivos de la Educación Física es también incentivar que los alumnos/as hagan deporte más allá de la jornada lectiva, intentando que se conviertan en adultos deportistas, algo que también debemos vincular con la recomendación de un mínimo de 150 minutos semanales de actividad física moderada que hace la OMS para los adultos. Educar desde pequeños en una cultura de la práctica deportiva es esencial si queremos llegar a conseguir que todos los adultos cumplan con ese mínimo y debemos tener en mente las palabras de la UNESCO  (Carta Internacional de la Educación Física, la Actividad Física y el Deporte, UNESCO, 2015, p. 4):
Un estilo de vida activo contribuye a la prevención de las enfermedades cardíacas, de la diabetes y del cáncer, así como de la obesidad, y contribuye en última instancia a la disminución de las muertes prematuras. Reduce además los gastos de salud, aumenta la productividad, y fortalece la participación ciudadana y la cohesión social.  

Así pues, ya hemos establecido dos contenidos fundamentales que debe comprender la Educación Física y que justifican por sí mismos su importancia: la mera realización de actividad física y el fomento de un estilo de vida activo. Pero esto es sólo el principio. 

La National Academy of Sciences (Five Approaches to Physical Education in Schools, 2013) apunta a que la actividad física durante la jornada escolar genera también beneficios académicos, además de contribuir al bienestar social y emocional de los alumnos/as. La UNESCO (Carta Internacional de la Educación Física, la Actividad Física y el Deporte, UNESCO, 2015) asegura que la Educación Física fortalece la seguridad corporal y la autoestima, y contribuye además a disminuir el estrés, la ansiedad y la depresión, dando lugar con todo ello a un aumento del bienestar y  de las capacidades sociales. Estas ventajas resultan del hecho de que la Educación Física ayuda a aumentar las habilidades cognitivas y las destrezas motrices, tal y como afirma Shirotriya. Este mismo autor nos explica que los niños/as con mayor destreza son más proclives a participar en actividades físicas, puesto que se sienten más confiados, y, por tanto, se muestran más propensos a jugar con otros compañeros/as, facilitando de esta forma su integración social y, por ende, a la larga su sentimiento de pertenencia. Así pues, aquí tenemos otra serie de conceptos fundamentales íntimamente ligados a la Educación Física. 

Hay toda una serie de objetivos propios de la Educación Física que también merecería la pena destacar, entre ellos su enorme capacidad para estimular una cultura del esfuerzo y la superación personal, así como la auto disciplina. Sin embargo, Shirotriya menciona un objetivo que me ha llamado especialmente la atención por ser, en mi opinión, raramente tenido en cuenta. Uno de los aspectos de la Educación Física que apunta este autor es el aumentar las opciones para un buen uso del tiempo libre. Como monitor y coordinador de Ocio y Tiempo Libre experimentado,  estoy completamente concienciado de la importancia de contar con opciones sanas para pasar nuestro tiempo libre, pues, especialmente en adolescentes, ocupar su tiempo libre con deporte les puede evitar meterse en muchos problemas (he vivido en mis propias carnes cómo ayuda a mantenerles alejados de las drogas, del alcohol y de las bandas callejeras). Así pues, en la medida en que esta asignatura les pueda aficionar al deporte y conducir así a un ocio sano, sin duda alguna les será incluso más útil que las Matemáticas, la Lengua o la Historia.

martes, 8 de marzo de 2016

Relajación en vídeo

Los chavales a veces están muy alterados como para trabajar. Eso es así y hay que saberlo. En concreto, mi experiencia me ha enseñado en poco tiempo que del recreo o de Educación Física vienen muy alborotados y que es difícil ponerles a trabajar en nada en ese momento. Para estos puntos críticos, la meditación resulta tremendamente útil para volver a centrar a nuestros alumnos/as. De hecho, una forma de meditación ya occidentalizada, el mindfulness, se está poniendo muy de moda y ha demostrado ya sus beneficios a través de la evidencia científica.

Pero para los que no sabemos nada de mindfulness, para los que no sabemos cómo sentar a una veintena de críos revueltos para que cierren los ojos y respiren profundamente, para nosotros están las nuevas tecnologías. Una forma facilísima de que los chavales (especialmente en Primaria) se centren rápidamente es proyectar algo en la pantalla, porque llama su atención mágicamente y tiene ese efecto hipnótico al que tanto recurren los padres cuando necesitan unos minutos de reposo. Entonces, cuando ya les tenemos atrapados por la pantalla, le damos al play. Y los chavales se quedan repentinamente extasiados contemplando unos preciosos paisajes al ritmo de una relajante música. Para cuando hayan pasado los tres minutos de vídeo, seguro que ya están más dispuestos para empezar la clase. Son tres minutos bien invertidos. 

Aprovechando el time-lapse, internet se ha llenado de magníficos vídeos que nos capturan mostrándonos el paso del tiempo. He hecho una pequeña selección tanto en YouTube como en Vimeo de algunos de estos vídeos que creo que pueden ser útiles para calmar a nuestras "fieras". Son vídeos, además, que también pueden ser estupendos para despertar la curiosidad de nuestros chavales por el mundo, e incitarles a descubrirlo y a viajar. O incluso como actividad de motivación antes de empezar a explicarles el clima y los fenómenos meteorológicos. A lo mejor, especialmente para la relajación, a alguno de estos vídeos os conviene cambiarle la música. Simplemente tendríais que descargarlo y usar un programa de edición de vídeo para ponerle otra banda sonora. O buscar otro vídeo, si eso es mucho lío. 

Aquí os dejo un par de vídeos de la lista, para que entendáis cómo funcionaría la idea. Dadle al play. Disfrutad. Relajaos.





viernes, 4 de marzo de 2016

Escribir y Leer

No voy a hacer una reseña en profundidad, porque no me lo he leído entero, sino sólo unos pocos capítulos que me interesaban para hacer un trabajo, pero lo cierto es que el libro tiene muy buena pinta y sí que pretendo leérmelo completo más adelante. Por ahora, el caso es que el libro incluye una reflexión sobre la educación en la diversidad con la que estoy tan de acuerdo que me ha apetecido mucho compartirla. La copio a continuación:

Educar en la diversidad
Los seres humanos somos diversos desde todo punto de vista.

La escuela fue creada para homogeneizar, transmitir modelos sociales definidos, para adaptar a los niños a un modelo social dominante, para seleccionar a la población. No es de extrañar que la diversidad sea vivida como un problema, como un obstáculo. Que se busquen mil y una fórmulas para segregar y homogeneizar: clases de apoyo separadas, grupos por nivel de conocimientos, evaluaciones en términos de acierto/error, etc.

Pero hoy se exige a la escuela que avance hacia la integración y hacia una cultura de la diversidad, que viva las diferencias como una riqueza y no como un obstáculo. 

Eso supone cambios profundos en toda la institución escolar y en el pensamiento colectivo del profesorado. Supone transformar la organización escolar según criterios nuevos. Supone, además, cambiar la concepción diaria de la actividad escolar, hasta hacerla capaz de conseguir que todos trabajen y aprendan a partir de sus posibilidades.

El objetivo no es que todos aprendan por igual, eso sería imposible. El objetivo es que todos puedan trabajar reflexivamente y construir pensamiento, colectivamente. Que nadie se aburra, que nadie se sienta fracasado ni marginado. 

El primer paso, seguro, es el de trabajar a partir del pensamiento de cada cual y sabiendo con claridad qué es lo que puede aprender en cada caso. 

Actividades significativas. Actividades motivadoras y funcionales. Trabajo en grupos. Evaluación formativa y personalizada. En nuestra opinión, éstos son los ingredientes básicos para educar en la diversidad.


Maruny Curto, Ll., Ministral Morillo, M., Miralles Teixidó, M. (1995), Escribir y Leer. Volumen 1: De cómo los niños aprende a escribir y a leer (pp. 75 y 76). Coeditan: Centro de Publicaciones del Ministerio de Educación y Ciencia y EDELVIVES