No voy a hacer una reseña en profundidad, porque no me lo he leído entero, sino sólo unos pocos capítulos que me interesaban para hacer un trabajo, pero lo cierto es que el libro tiene muy buena pinta y sí que pretendo leérmelo completo más adelante. Por ahora, el caso es que el libro incluye una reflexión sobre la educación en la diversidad con la que estoy tan de acuerdo que me ha apetecido mucho compartirla. La copio a continuación:
Educar en la diversidad
Los seres humanos somos diversos desde todo punto de vista.
La escuela fue creada para homogeneizar, transmitir modelos sociales definidos, para adaptar a los niños a un modelo social dominante, para seleccionar a la población. No es de extrañar que la diversidad sea vivida como un problema, como un obstáculo. Que se busquen mil y una fórmulas para segregar y homogeneizar: clases de apoyo separadas, grupos por nivel de conocimientos, evaluaciones en términos de acierto/error, etc.
Pero hoy se exige a la escuela que avance hacia la integración y hacia una cultura de la diversidad, que viva las diferencias como una riqueza y no como un obstáculo.
Eso supone cambios profundos en toda la institución escolar y en el pensamiento colectivo del profesorado. Supone transformar la organización escolar según criterios nuevos. Supone, además, cambiar la concepción diaria de la actividad escolar, hasta hacerla capaz de conseguir que todos trabajen y aprendan a partir de sus posibilidades.
El objetivo no es que todos aprendan por igual, eso sería imposible. El objetivo es que todos puedan trabajar reflexivamente y construir pensamiento, colectivamente. Que nadie se aburra, que nadie se sienta fracasado ni marginado.
El primer paso, seguro, es el de trabajar a partir del pensamiento de cada cual y sabiendo con claridad qué es lo que puede aprender en cada caso.
Actividades significativas. Actividades motivadoras y funcionales. Trabajo en grupos. Evaluación formativa y personalizada. En nuestra opinión, éstos son los ingredientes básicos para educar en la diversidad.
Educar en la diversidad
Los seres humanos somos diversos desde todo punto de vista.
La escuela fue creada para homogeneizar, transmitir modelos sociales definidos, para adaptar a los niños a un modelo social dominante, para seleccionar a la población. No es de extrañar que la diversidad sea vivida como un problema, como un obstáculo. Que se busquen mil y una fórmulas para segregar y homogeneizar: clases de apoyo separadas, grupos por nivel de conocimientos, evaluaciones en términos de acierto/error, etc.
Pero hoy se exige a la escuela que avance hacia la integración y hacia una cultura de la diversidad, que viva las diferencias como una riqueza y no como un obstáculo.
Eso supone cambios profundos en toda la institución escolar y en el pensamiento colectivo del profesorado. Supone transformar la organización escolar según criterios nuevos. Supone, además, cambiar la concepción diaria de la actividad escolar, hasta hacerla capaz de conseguir que todos trabajen y aprendan a partir de sus posibilidades.
El objetivo no es que todos aprendan por igual, eso sería imposible. El objetivo es que todos puedan trabajar reflexivamente y construir pensamiento, colectivamente. Que nadie se aburra, que nadie se sienta fracasado ni marginado.
El primer paso, seguro, es el de trabajar a partir del pensamiento de cada cual y sabiendo con claridad qué es lo que puede aprender en cada caso.
Actividades significativas. Actividades motivadoras y funcionales. Trabajo en grupos. Evaluación formativa y personalizada. En nuestra opinión, éstos son los ingredientes básicos para educar en la diversidad.
Maruny Curto, Ll., Ministral Morillo, M., Miralles Teixidó, M. (1995), Escribir y Leer. Volumen 1: De cómo los niños aprende a escribir y a leer (pp. 75 y 76). Coeditan: Centro de Publicaciones del Ministerio de Educación y Ciencia y EDELVIVES

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