Ayer hablaba de la telebasura para niños, y hoy he visto que Goyo Jiménez también ha estado pensando sobre el tema:
Con todos los respetos que se merece Goyo Jiménez, no creo que, como él sugiere, prohibir los dibujos animados sea la solución. Como ya dije ayer, no creo que el remedio pase por la prohibición. Tal y como apuntan Enrique Martínez-Salanova Sánchez e Ilda Peralta Ferreyra ("El consumo crítico de la tele: desafío educativo para la familia y la sociedad"), matar al mensajero nunca es la solución. En el caso de la telebasura, yo más bien propondría que nadie quiera volver a atender al mensajero, de forma que nunca le vuelvan a mandar.
No creo que ver la televisión sea malo. Yo, personalmente, he crecido con varias horas de televisión a mis espaldas. Quizá por eso me resulta curioso cuando la gente pinta el típico retrato de la familia que, por cenar viendo la televisión, no se hablan y no tienen relación. En mi casa era más bien al contrario. La televisión era el tema de conversación una vez que todo el mundo había contado ya que tal le había ido el día. Explicar la trama a quien no se hubiera enterado, comentar las decisiones de los personajes, discutir sobre el realismo de los acontecimientos, imaginar cómo podía seguir la historia... No, desde luego que la televisión no nos aislaba. Así que, decididamente, no creo que el problema estén en ver la tele, está en qué más hacemos con el hecho de ver la tele.
Higiene televisiva
Como comentaba en el post de ayer, ahora, como adulto independizado, vivo sin televisor (y desde hace ya tres o cuatro años), rellenando su hueco por medio de internet. Es decir, buscando en la red lo que quiero ver. Esto me ha conducido de manera casi involuntaria al que creo que es uno de los aspectos fundamentales para hacer un correcto consumo televisivo: planificar lo que quiero ver, y ver sólo eso. Eliminar el zapping y el "a ver qué ponen" te quita de un plumazo varias horas desperdiciadas, al tiempo que te ahorra ver un montón de programación que no te aporta nada y que, en realidad, nunca quisiste ver (sin ir más lejos, los anuncios).
Considero que éste es el primer paso que tenemos que dar en la educación para el consumo de televisión de nuestros pequeños (ya sean hijos o alumnos): enseñarles e insistirles en que planifiquen lo que quieren ver. Además, hoy por hoy, la tecnología nos permite no depender siquiera de los horarios de programación de las cadenas de televisión. Gracias a internet y a las smart TV, nosotros mismos podemos decidir cuándo ver qué gracias a la televisión a la carta, con lo que planificar nuestro consumo televisivo nunca ha sido más sencillo.
Además, esta planificación puede ser en sí misma una esplendida actividad educativa. Si elegimos la programación por consenso entre toda la familia, estaremos trabajando la toma de decisiones grupales, con lo que ello implica de aprender a escuchar a los demás, a comprender sus puntos de vista, a desarrollar actitudes asertivas, a renunciar a tus intereses en beneficio de los demás... Si a las decisiones le añadimos el que cada miembro de la familia tenga que justificar qué quiere ver, estaremos trabajando con nuestros chavales el discurso argumentativo y la expresión oral. El valor de un ejercicio como éste una vez a la semana puede ser incalculable, y eso sin incluir lo que aportaría en lo que respecta a que los hijos se sientan escuchados por los padres, que los padres conozcan los intereses y motivaciones de sus hijos, que toda la familia comparta un rato de charla...
La tele como niñera
Lamentablemente, muchos padres necesitan que la televisión haga una función de niñera, puesto que, con frecuencia, incluso cuando coinciden en casa con sus hijos, no pueden estar todo el rato prestándoles atención. Además, seamos francos, los que hemos trabajado con chavales sabemos que estar pendiente continuamente de un chaval es extenuante, con lo que es necesario contar con ratos de descanso. Y, puestos a que hagan algo por su cuenta y nos dejen descansar o trabajar, mandarles a ver la tele es a la par sencillo y efectivo. El asunto es que la tele puede ser simplemente una niñera, o puede ser Mary Poppins.
Dando por sentado que hemos hecho correctamente el paso previo y que, por tanto, nuestros pequeños sólo ven en la tele aquello que realmente les interesa, ¿por qué no empezar a tratar la televisión como un libro? ¿Por qué no proponerles actividades sobre el programa que están viendo? Una vez que hayan terminado el programa (y que los padres hayan terminado la tarea en cuestión que les tenía ocupados -o hayan descansado un poco de hijos, que también hace falta a ratos-), sería muy interesante pedirles a los chavales que tengan que hacer un comentario del programa o capítulo que han visto, haciendo un pequeño resumen en el que señalen las ideas principales, por ejemplo. Podemos pedirles que nos digan quiénes son los protagonistas y quiénes los antagonistas, y que nos hagan un perfil de los personajes. Los más pequeños, incluso, podrían hacer un dibujo de los mismos. Podrían hacer también un relato en el que, partiendo de lo que haya pasado en el capítulo de hoy, tengan que imaginarse cómo va a continuar la historia o pensar un final alternativo. Vaya, cualquiera de las actividades que con tanta frecuencia usamos en las fichas de lectura y que no hay ninguna razón para no aplicar a los programas de televisión.
Esto, además, sería sólo el principio, al igual que una ficha de lectura no es más que el comienzo de un buen libro-fórum. Podemos pensar en juegos y manualidades basadas en los programas de televisión que ven nuestros hijos. Un trivial sobre su serie de dibujos animados les ayudaría a potenciar la memoria tanto como estudiarse los arroyos de Madrid. Un tabú o un pictionary también son fáciles de adaptar a cualquier programa. Y esto pensando en los novatos; los padres con más tablas en el mundo del tiempo libre no tendrán ningún problema para pensar todo tipo de gymkhanas y dinámicas basadas en la serie favorita de sus hijos.
La televisión, vaya, tiene potencial para ser mucho más que un electrodoméstico. Puede ser una gran herramienta. En nuestra mano está que sea una maza cuando queremos apretar un tornillo, o justo el destornillador que necesitamos.
¿Qué opinas de la idea del tele-fórum? ¿Y de la reunión semanal para planificar la programación? ¿Te animas a probarlo y contarme la experiencia?

Me han parecido muy interesantes los dos artículos. Te felicito.
ResponderEliminarEstoy de acuerdo en que sin duda es mucho más útil ver la tele con tus hijos, incitarles a pensar sobre lo que han visto e inculcarles valores positivos con la tele como herramienta. El problema es que ello supone dedicar un tiempo que normalmente los padres no tienen. Como mal menor esta la opción que comentas de eliminar un canal determinado o prohibir un programa concreto que consideras inadecuado para tus hijos.